Cada movimiento tiene su contrario. Cada iniciativa, su opuesto. Todo ello ocurre bajo la máxima de ese equilibrio en el que parecemos movernos.

Desde esa perspectiva de necesario equilibro, es entendible la contra corriente, la contracultura, etc.

Frente a lo de siempre, lo nuevo se abre paso. Frente lo tradicional, aparece lo moderno para luego volver a ensalzarse lo artesano. Frente al para todos, lo exclusivo, frente a lo global e internacional se alza lo local, lo nacional. Inca-cola se revela contra Cola-cola y gana en Perú. Carrefour apuesta por “productos de Asturias, Catalunya, Valencia, …” con cierto éxito.

Si, frente a lo rápido llega lo lento, lo tranquillo. El movimiento slow (Cities, food, tourism…). Frente a lo virtual, las marcas empiezan a apostar por sensorial conscientes de que ahora los clientes necesitan  tocar, oler, experimentar.

La contradicción la llevamos con nosotros. Somos todo.  Por eso, tras un movimiento fuerte, aparece inmediatamente su opuesto. Si estamos atentos de cuando el péndulo llega a su extremo, una oportunidad aparecerá. Está ahí, justo en el otro extremo. Todavía hay oportunidades de diferenciación para las marcas.

 

Miguel Yáñez

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