En ocasiones preguntamos a nuestros clientes por la diferencia relevante de nuestra marca. En ocasiones por la diferencia, simplemente. La respuesta puede ser que no existe una diferencia clara, apreciable. Si la misma pregunta se formula a personas de dentro de la organización y la respuesta es similar, entonces el problema es mayor. ¿Por qué?.  Porque no es un problema de notoriedad o de conocimiento ni de producto, es un problema de auto-confianza.  La cuestión entonces se hace más delicada porque estamos ante una marca débil, sin posibilidad de lucha, que no tiene el empuje de los que deben de ser sus primeros valedores, los propios trabajadores.

Las marcas pertenecen a todos, pero son las personas que trabajan para ellas y con ellas las que las hacen fuertes. Si hay ilusión podría no ser suficiente pero, sin ella, no hay recorrido para la marca. Si los empleados “viven” la marca y están orgullosos de ella, todo será diferente porque lo que proyecten vendrá cargado de elementos positivos.

Si sabemos quienes somos, dónde vamos y porqué nuestra propuesta es única, todo será más sencillo. Solamente si eso está claro y es compartido,  se podrá trasladar luego al mercado toda la propuesta de valor.

La marca empieza a construirse desde dentro hacia afueraPractiquemos el branding interno

 

 

Miguel Yáñez

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