Las marcas son insaciables. Necesitan crecer, necesitan aumentar. Más allá de que fuera muy goloso, debió ser esta la razón que posiblemente le llevo a Giorgio Armani a adentrarse en el mundo del cacao.

Ejemplos como este nos llevan a preguntarnos si existen límites. ¿Es toda extensión de marca aceptable?.  Será el mercado, es decir, los clientes, quienes respondan a esa pregunta. Mientras eso ocurre, reflexionemos. Si pudiéramos pensar en las palabras con las que se asocia la marca Armani, estas podrían ser: estilo moda y diseño.  ¿Chocolate es diseño, es estilo, es moda?. Si, es cierto, Armani también es glamour y el chocolate tiene, en parte, ese elemento. Pero, ¿No es cierto , que sorprende, que chirría?

Ya lo intentó Armani con el mundo de los cosméticos y ahora se introduce en el de los chocolates. Si Armani se sube al carro de un concepto más amplio como pueda ser el lujo, ¿porqué no un coche?

¿Cuál es la diferencia relevante que aporta el chocolate Armani?. Si, el chocolate está de moda pero el chocolate hay que comerlo. No me imagino comiendo productos Armani.

En caso de que la marca fuerce su elasticidad y con Giorgio desaparecido, la esencia morirá, no habrá diferencia, no habrá nada relevante a lo que agarrarse. ¿Qué será entonces Armani?. ¿Chocolate vestidos o jeans?. ¿Cosméticos o trajes?,

Un lujo flexible vinculado a la moda parece el territorio propio de Armani. El chocolate no está en ese territorio

 

Miguel Yáñez

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